Renia Spiegel: el diario secreto de la Ana Frank polaca que se publica tras estar 70 años escondido en una caja fuerte 

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Renia Spiegel tenía 15 años cuando comenzó a escribir su diario. BELLCACK FAMILY ARCHIVE

Renia Spiegel: el diario secreto de la Ana Frank polaca que se publica tras estar 70 años escondido en una caja fuerte  –  Enlace>>

Escondido durante 70 años en la bóveda de un banco en Nueva York, como si se tratara de un costoso tesoro. Así estuvo guardado el cuaderno escolar de Renia Spiegel.

“[Leerlo] me hacía llorar todo el tiempo”, reconoce su hermana Elizabeth.

Por eso, ella y su madre, dos sobrevivientes del holocausto nazi, decidieron encerrar sus recuerdos entre el frío acero de una caja de seguridad.

La libreta, a trozos medio rota pero de cuidada caligrafía, es el diario secreto de un adolescente judía nacida en Polonia y asesinada a tiros por los nazis en 1942.

Murió a la edad de 18 años cuando aún quedaban 3 años para que acabara la II Guerra Mundial.

Sobreviví al Holocausto

Durante el Holocausto los nazis asesinaron a unos 6 millones de judíos, unos cuantos miles pudieron huir y un puñado de ellos llegó a nuestro país. Siete décadas después del fin de la guerra se debaten entre contar su historia o curar sus heridas internas. – Fuente>>

Tres sobrevivientes del terror nazi que viven en el Perú 

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Lothar Rosenmann, Esther Karl y Hirsz Litmanowicz sobrevivieron al Holocausto e hicieron una vida en el Perú. (Fotos: Rolly Reyna / El Comercio)

Holocausto judío: Tres sobrevivientes del terror nazi que viven en el Perú 

Tres judíos, uno de Alemania y dos de Polonia, que vivieron el horror del Holocausto, se establecieron en el Perú, donde iniciaron una nueva vida. En tres cartas escritas para El Comercio dejan su testimonio.       Enlace>>

27 de Enero, Día Internacional en Memoria de las Víctimas del Holocausto

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La historia del siglo XX tiene muchas manchas negras, pero hay una que destaca por la atrocidad que fue para millones de personas en Europa: el holocausto nazi. Por asfixia con gas venenoso, fusilamiento, ahorcamiento, hambre, experimentos científicos y trabajos forzados, murieron más de 11 millones de personas en apenas 5 años, de los que un millón y medio eran niños. La limpieza étnica que buscaban los alemanes no se apiadó ni de los más pequeños.

Los niños de corta edad no servían como mano de obra, por lo que se les consideraba una carga que no merecía la pena soportar. Ser mayor de 13 años era una “suerte” que les salvaba durante un tiempo de ser asesinados o de servir de cobaya humana para experimentos médicos. Y no sólo los judíos tuvieron que pasar por este macabro proceso de selección, sino también gitanos, polacos, residentes de las zonas de las U.R.S.S. e incluso los niños alemanes que tuvieran alguna discapacidad.

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NIÑOS EN UN CAMPO DE CONCENTRACIÓN. WORLD HISTORY ARCHIVE / CORDON PRESS.

Thomas Buergenthal, una de las últimas voces vivas de esta tragedia, vivió en primera persona la liberación del campo de concentración de Auschwitz, con apenas 11. Ahora, con 81, recuerda con demasiada exactitud los detalles de lo que le tocó vivir, muchos de ellos tangibles, como su número de prisionero tatuado en el brazo o la ausencia de algunos dedos amputados por congelación. Pero luchó por superarlo y rehacer su vida, y su fuerza le llevó a estudiar Derecho y conseguir grandes méritos, como ser juez del Tribunal Internacional de Justicia en la lucha por los derechos humanos. Narra su experiencia en el libro autobiográfico Un niño afortunadoun impresionante recorrido por sus recuerdos de la Alemania nazi hasta que se convirtió en el hombre que es hoy.

El 27 de enero de 1945 fue el día en que los prisioneros de Auschwitz fueron liberados por el Ejército Rojo y desde 2005 se estableció dicha fecha para conmemorar a las víctimas del holocausto. Aunque es un tema que pone los pelos de punta con sólo pensarlo, son hechos históricos que realmente sucedieron y que no se deben olvidar con el fin de prevenir otros actos de genocidio en el futuro.

Monumento conmemorativo del holocausto en Berlín
MONUMENTO CONMEMORATIVO DEL HOLOCAUSTO EN BERLÍN

Bartali y la ‘Lista de Schindler’ de otros deportistas que ayudaron a escapar a judíos del Holocausto

Un buen número de atletas y entrenadores (incluso alemanes) evitaron la muerte de personas inocentes arriesgando su propia vida.

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El italiano Gino Bartali, un mito del ciclismo, salvó a muchos judíos del exterminio nazi trasportando en su bicicleta, mientras entrenaba, documentación, mensajes, planes secretos… Fue un héroe, reconocido como Justo Entre las Naciones por Israel, personificado en el Yad Vashem, conocido fuera de Israel como Museo del Holocausto, en las cercanías de Jerusalén, y que es un recinto impresionante.

En esa lista se homenajea a aquellos gentiles (quiere decir no judíos) que ayudaron a evitar el sufrimiento y la aniquilación en los Campos de exterminio nazis de quienes sí lo eran.

Es el deportista más conocido entre los que tuvieron ese gesto de humanidad,jugándose la vida para salvar a los demás. Una especie reducida de La Lista de Schindler, película dirigida y producida por Steven Spielberg, basada en el libro del australiano Thomas Keneally.
Ayudaron muchas otras personas, menos conocidas, pero que también han recibido su reconocimiento en Jerusalén. Y no hubo pocos deportistas. Aquí hay una pequeña muestra:

Margit Eugenie Gitta Mallás (Hungría), natación
Nacida en Liujbiana, que entonces pertenecía al Imperio Austrohúngaro. Fue bronce en los Europeos de natación en 4×100 metros estilo libre en los Europeos de París 1931. Era diseñadora gráfica. Perteneció a una asociación clandestina llama Hablando con los Ángeles, que salvó a centenares de judíos, sobre todo mujeres y niños. Detuvieron a todos sus compañeros, pero ella salvó una libreta de instrucciones para seguir actuando y salvando gente. Emigró a Francia en 1960 y se casó con un judío que había sido brigadista internacional en la Guerra Civil española.

Zarko Dolimar (Croacia), tenis de mesa
Uno de los mejores jugadores del mundo en su especialidad y muy conocido en su país. Aprovechaba esta circunstancia para acudir a la sede de la Ustasi (la policía política croata, pro nazi), donde era recibido como un amigo, y aprovechaba para sustraer documentos de identidad en blanco. Junto a su hermano Boris los falsificaba y de esta forma hacía posible que los judíos amenazados salieran del país.

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El amor en tiempo del Holocausto

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Jerzy Bielecky y Cyla Cybulska. Una historia de amor en el campo de Auschwitz. La espada encendida

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En la maravilla incuestionable de la creación humana, del arte, de las expresiones de los sujetos parece como un contrasentido la destrucción y la malicia. El odio, la sinrazón y el pretexto de los miserables. Algo así es la guerra, mucho más es el espanto indecible del Holocausto, de sus víctimas, de sus consecuencias aún dolorosas. Nada puede interesar que no sea su reflexión y el incuestionable deseo de que jamás suceda algo así.
Pero aún allí, en las expresiones más dolorosas de la miseria humana, suele florecer un brote como si se tratara de sembrar en el desierto.
Aun en los momentos atroces, en las tempestades más insólitas y en los ácigos momentos de desazón y destrucción un placebo conjuga el verbo del renacimiento. Como bien diría el chileno inmortal Pablo Neruda:
La muerte lo enlutó de manera espaciosa como a tierra nocturna, hasta que decidió dedicarse al silencio, a la profundidad desconocida, y buscó tierra para un nuevo reino, aguas azules para lavar la sangre.
Y de algo así se trata la historia de hoy. Nacida en las peores instancias a las que se puede someter a un semejante, en la atrocidad, y sin embargo… nace.

Ellos eran dos. Jerzy y Cyla
Jerzy Bielecky apenas tenía 19 años. La vida era dura en los campos polacos, pero sería tan desesperada después de su detención y traslado al campo de exterminio de Auschwitz. Aferrarse a la supervivencia es un acto desesperado, casi último. A eso estaba sometido aquel joven cuyas causales de sospecha eran su raigambre judía, su juventud y la eventualidad de pertenecer a la resistencia polaca. Demasiados y concurrentes causas para esos momentos. Teniendo en cuenta su perspicacia y su gran ductilidad como así también su dominio del idioma alemán, fue destinado a trabajar en un granero, clasificando y repartiendo los granos en las medidas que se le pedían. A las tropas, a los prisioneros. Semioculto en su actividad, cabizbajo y apenas supérstite, los días de Jerzy en ese lugar maldito eran tan interminables como la atrocidad de la barbarie. Le habían tatuado el número 243, en su brazo.

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