Foto

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El arte como terapia colectiva
El éxito del Monumento al Holocausto, situado a solo una manzana de la Puerta de Brandemburgo, ha superado todas las expectativas. Este patio laberíntico alberga 2.711 bloques de cemento de 2,38 x 0,95 metros, separados por una retícula de pasillos que solo permiten el paso de una persona a la vez. Nada sugiere al visitante qué pensar o sentir. No existe una entrada principal ni un punto de salida o de llegada. 
Al adentrarse en el monumento los bloques se tornan más imponentes y comienza a apagarse el ruido de la calle. El espacio aséptico y gris induce un sentimiento de vacío, solo alterado por los destellos de vida y color que aportan las personas. El suelo y la parte superior del monumento son ondulados, como la superficie del mar; eso hace que los visitantes desaparezcan entre los pasillos como sumergidos entre olas de hormigón. En cada esquina se puede cambiar de trayectoria, de ahí que sea fácil extraviarse involuntariamente si se acude en compañía.
El Museo Judío acoge la instalación Hojarasca, de Menashe Kadishman, compuesta por 10.000 caras (foto superior).
Foto: Age Fotostock

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