Josh Grossberg: “Los estudiantes deben saber que el Holocausto no es una historia antigua”

La escuela de campo del Holocausto I-Witness explora las formas en que se conmemora el Holocausto

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Madrid 
Hace diez años, USC no tenía una colección real de libros sobre el Holocausto y el genocidio de los que hablar. Hoy en día, cuenta con una de las colecciones independientes más grandes sobre el Holocausto y el genocidio de cualquier universidad en Estados Unidos.

La escuela de campo del Holocausto I-Witness (GMST 489) explora las formas en que se conmemora el Holocausto en Europa Central.

En asociación con USC Shoah Foundation, Facing History and Ourselves ha adaptado el testimonio de video del Visual History Archive en una colección que complementa su recurso principal, Facing History and Ourselves: Holocaust and Human Behavior. Los testimonios están la colección, disponibles en el sitio web educativo de IWitness y son contados por sobrevivientes, testigos y rescatadores del Holocausto.

Josh Grossberg es un enlace de medios con la USC Shoah Foundation. Como periodista, su trabajo ha aparecido en publicaciones que van desde Los Angeles Times hasta Kurdistan Times. Un escritor galardonado, el trabajo de Josh ha sido honrado por la Associated Press, la Asociación de Editores de Periódicos de California, el Club de Prensa de Los Ángeles y otros.

¿Necesitamos repensar cómo enseñamos el Holocausto?

No necesitamos repensarlo tanto como ampliar el alcance. Siempre será beneficioso para los estudiantes aprender las fechas, los hechos y las cifras de este horrible capítulo de la historia, que demuestra las peores capacidades de la humanidad.

(Vale la pena señalar que el Holocausto ha sido durante mucho tiempo un área con poca representación en las escuelas estadounidenses. Hasta la fecha, solo 10 estados de los EE. UU. Tienen un mandato que exige que las escuelas cubran el tema. Creemos que debe ser un requisito universal).

Pero se necesita más tiempo para desarrollar empatía. Para que los estudiantes empiecen a comprender la enormidad del Holocausto, se les debe dar la impresión de que las atrocidades no sucedieron a las masas sin rostro sino a personas como ellos, sus amigos, sus hermanos, sus padres.

No hay mejor manera de transmitir esto que escuchando las historias de un sobreviviente del Holocausto.

Los sobrevivientes del Holocausto nos están dejando, pero los testimonios registrados duran para siempre, y no perderán su impacto y capacidad de inculcar empatía. Nuestro programa principal, IWitness, es un activo invaluable para este fin.

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El archivo del Holocausto comparte millones de documentos

Enlace>> El archivo del Holocausto comparte millones de documentos

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El Servicio Internacional de Rastreo en Alemania publicó el martes 21 de mayo de 2019 en internet más de 13 millones de documentos procedentes de campos de concentración nazis.

Entierran en Bielorrusia a víctimas del Holocausto

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Los restos de un millar de víctimas del Holocausto recibieron su entierro en una ciudad bielorrusa en la frontera con Polonia tras el hallazgo de una fosa común en una obra en construcción…

Los restos de un millar de víctimas del Holocausto recibieron su entierro en una ciudad bielorrusa en la frontera con Polonia tras el hallazgo de una fosa común en una obra en construcción.

Bielorrusia tenía una comunidad judía numerosa y próspera antes de la II Guerra Mundial y el descubrimiento de los restos de al menos 1.214 personas en enero sacudió a muchos aún marcados por los recuerdos del Holocausto.

Para consternación de algunos líderes judíos, las autoridades no suspendieron el permiso de construcción en el sitio donde pudieran hallarse los restos de otras víctimas, ofreciendo en lugar de ello sepultar los huesos descubiertos inicialmente.

Los restos fueron sepultados el miércoles en 120 ataúdes adornados con la Estrella de David en una ceremonia en un cementerio ubicado en las afueras de la ciudad y a la que asistieron funcionarios municipales, líderes de la comunidad judía y diplomáticos.

Brest fue una de las primeras ciudades de la Unión Soviética en ser atacada por las tropas de la Alemania nazi en julio de 1941. Al igual que en otras partes de Europa oriental, las autoridades nazis establecieron un gueto judío. Unas 28.000 personas se vieron confinadas allí hasta que fue destruido en octubre de 1942 cuando 17.000 residentes fueron sacados de la ciudad y ejecutados.

Entre los más famosos oriundos de Brest está el difunto primer ministro israelí Menachem Begin, que ganó el Premio Nobel de la Paz en 1978 junto con el presidente egipcio Anuar Sadat. Su padre fue uno de los ejecutados por los nazis.

Regina Simonenko, líder de la comunidad judía local Brisk, lamentó que las autoridades se hayan apresurado a sepultar los restos y continúen la construcción en el sitio en lugar de realizar análisis de ADN para establecer identidades.

“Se nos dijo que los análisis de ADN son costosos y toman mucho tiempo”, dijo Dimonenko a The Associated Press.

El Congreso Mundial Judío lamentó el proyecto de construcción, diciendo que es “una afrenta a la memoria de los residentes judíos de la ciudad que fueron asesinados a sangre fría en ese sitio”.

Las autoridades municipales insisten en que la base del complejo de apartamentos no se superpone con el sitio de la tumba colectiva. Las autoridades han prometido que colocarán un monumento en el área y no construirán nada sobre la tumba.

Ver más en: https://www.20minutos.com/noticia/152539/0/entierran-en-bielorrusia-a-victimas-del-holocausto/#xtor=AD-1&xts=513357

La historia más increíble del Holocausto: padre e hijo sobrevivieron juntos a 5 campos de concentración

En ‘El chico que siguió a su padre hasta Auschwitz’ el escritor Jeremy Dronfield narra la odisea real por el infierno de Gustav y Fritz Kleinmann.

David Barreira 

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Fotografía de la familia Kleinmann en 1938. Gustav aparece sentado y Fritz de pie.

Atravesar las puertas del campo de exterminio de Auschwitz era la sentencia de muerte para cualquier judíoFritz Kleinmann, un joven austriaco de 18 años, había escuchado los rumores sobre las cámaras de gas que permitían a los nazis asesinar a cientos de personas al mismo tiempo. No le achantaron los comentarios perturbadores, y decidió entregarse a un suicido seguro con tal de permanecer al lado de su progenitor, Gustav, que iba a ser enviado desde Buchenwald a Auschwitz en octubre de 1942. “Tienes que olvidarte de tu padre. Van a gasearlos a todos”, le advirtió el kapo; él permaneció firme, determinado: “Quiero estar con mi padre pase lo que pase. No puedo seguir viviendo sin él”.

Ambos habían sido apresados en Viena, donde vivía la familia, en septiembre de 1939 y fueron deportados, con escasos días de diferencia, a Buchenwald, uno de los mayores centros de prisioneros de Alemania. Cómo lograron sobrevivir durante casi seis años, pasando por cinco campos de concentración diferentes y manteniéndose unidos, es una odisea de supervivencia imposible de explicar (y de creer); un compendio de suerte —si se le puede llamar así— y solidaridad que provocó uno de los mayores milagros del Holocausto.

La historia de Gustav y Fritz, padre e hijo, la cuenta Jeremy Dronfield, escritor e historiador británico, en El chico que siguió a su padre hasta Auschwitz, que llegar ahora a España editado por Planeta. Se trata de un relato vertiginoso, novelesco, inverosímil, que adquiere la forma de un thriller pero que no esconde ningún vestigio de ficción. Provoca escalofríos recorrer el drama de los Kleinmann, reconstruido por Dronfield gracias al diario que logró escribir Gustav en los campos de concentración de forma clandestina, unas memorias de Fritz y una serie de entrevistas con otros miembros de la familia.

Antes del estallido de la II Guerra Mundial, Gustav Kleinmann, un veterano de la Gran Guerra herido en dos ocasiones, trabajaba como tapicero en la capital austriaca. Se había casado con una chica, Tini, con la que había tenido cuatro hijos. Pero la aparente calma explosionó con el Anschluss: los judíos comenzaron a sufrir los ataques de los nazis y fueron desposeídos de sus negocios. Los que no lograron huir, acabarían en los campos de concentración.

Tras un breve periodo trabajando en los desagües, Gustav y Fritz fueron destinados a la cantera de Buchenwald como vagoneros, una tarea peligrosísima por el enorme peso de los volquetes que debían transportar, y que a menudo aplastaban y desmembraban a los prisioneros. Y es que no se priva Jeremy Dronfield en narrar las prácticas más salvajes que emplearon los oficiales nazis en los campos de concentración. En ese mismo, se creó el llamado Bloque de la Muerte, un barracón a donde destinaban a los judíos enfermos que tenían prohibida la entrada a la enfermería. También actuó allí el doctor de las SS Hanns Eisele, que pinchaba inyecciones letales a los heridos más graves.

Una historia inverosímil

“El chico es mi mayor alegría. Nos damos fuerzas el uno al otro. Somos uno, inseparables“, escribió Gustav en su libretita secreta en Buchenwald, donde contrajo disentería y a punto estuvo de morir. Las palabras que reflejó en su diario en el infierno antes de ser trasladado con su hijo a Auschwitz son de una entereza admirable, conmovedoras: “Todo el mundo dice que este es un viaje hacia la muerte, pero Fritz y yo no nos desanimamos. Me digo a mí mismo que un hombre solo puede morir una vez”.

En el mayor campo de exterminio lograron sobrevivir gracias a sus dotes de albañilería, construyendo, junto a otros reclusos, como Primo Levi, el subcampo de Monowitz. Pero más allá de todos los horrores perpetrados durante el Holocausto, tan documentados en multitud de libros y testimonios, destaca un encuentro absurdo, ilógico, que tuvo Fritz con Alfred Wocher, un soldado alemán invalidado para el combate en el frente, un ingenuo que creía que “el fürher nunca encerraría a nadie que no hubiera hecho nada malo”. Unas declaraciones más difíciles de creer incluso que la propia historia de los Kleinmann.

Portada del libro de Dronfield.
Portada del libro de Dronfield.

La milagrosa historia de Gustav y Fritz cuenta con tantos giros de guion, tantas situaciones al límite, que parece imposible que de todas saliesen con la esperanza renovada de permanecer un día más con vida. No les sucedió lo mismo a Tini, la madre, y a Herta, una de las hijas, asesinadas en Bielorrusia junto con otros mil judíos. Los otros dos hermanos, Kurt y Edith, lograron salvar sus vidas huyendo a América y Reino Unido. “No hubo otro padre e hijo que pasaran por todo el infierno juntos, de principio a fin: la vida bajo la ocupación nazi, Buchenwald, Auschwitz, la resistencia de los presos contra las SS, las marchas de la muerte, Mauthausen, Mittelbau-Dora, Bergen-Belsen… y volvieran a casa vivos”, escribe Jeremy Dronfield.

Solo se separaron Gustav y Fritz en enero de 1945, en el traslado de Auschwitz a Mauthausen. Iban en vagones descubiertos, muertos de frío. El padre estaba exhausto, sin fuerzas; el hijo había conseguido ropa de abrigo y había ingeniado un plan para escapar, pero no era capaz de dejar a su progenitor atrás después de tanto tiempo, de superar tantos momentos críticos. Este le dijo que lo intentase, no podía negarle la oportunidad de vivir. Sus caminos se bifurcaron, pero la historia tendría un final feliz, como el de las obras de ficción. Solo que esta fue real.

“Nunca más”: monumentos del Holocausto

El campo de concentración de Dachau fue liberado por las tropas estadounidenses el 29 de abril de 1945. Los monumentos en toda Alemania aseguran que las millones de víctimas no sean olvidadas. – Fuente>>

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“Stolpersteine”: bloques en el piso para no olvidar
En la década de 1990, el artista Gunther Demnig comenzó un proyecto para enfrentar el pasado nazi de Alemania. Cubos de concreto cubiertos de bronce colocados frente a las antiguas casas de víctimas nazis, brindan detalles sobre las personas, su fecha de deportación y muerte. Más de 45 mil “Stolpersteine” se instalaron en 18 países de Europa.
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Monumento a la resistencia alemana
El edificio Bendlerblock, en Berlín, era la sede de un grupo de resistencia militar. El 20 de julio de 1944, un grupo de oficiales de la Wehrmacht alrededor del Coronel Claus von Stauffenberg llevaron a cabo un fallido intento de asesinato contra Hitler. Los líderes de la conspiración fueron fusilados la misma noche en Bendlerblock, que hoy es el Centro Conmemorativo de la Resistencia alemana.
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Monumento Buchenwald
Buchenwald, cerca de la ciudad de Weimar en Turingia, fue uno de los campos de concentración más grandes de Alemania. Desde 1937 hasta abril de 1945, los nacionalsocialistas deportaron a unas 270 mil personas de toda Europa y asesinaron a 64.000.
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Bergen-Belsen
El campo de concentración de Bergen-Belsen en Baja Sajonia se estableció inicialmente como un campo de prisioneros de guerra antes de convertirse en un campo de concentración. Los presos demasiado enfermos para trabajar fueron llevados ahí desde otros campos de concentración, por lo que muchos también murieron de diversas enfermedades. Una de las 50.000 personas que murieron aquí fue Anne Frank.
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Monumento a los sinti y roma
Frente al edificio del parlamento del Reichstag en Berlín, un parque inaugurado en 2012 sirve como monumento a los 500 mil sinti y romaníes asesinados por el régimen nazi. Alrededor de un estanque conmemorativo, el poema “Auschwitz” del poeta romaní Santino Spinelli está escrito en inglés, alemán y romaní.
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Lugar de reunión del partido nazi
Nuremberg fue sede de las mayores manifestaciones de propaganda del partido nazi desde 1933 hasta el comienzo de la Segunda Guerra Mundial. El congreso anual del partido nazi, así como los mítines con hasta 200 mil participantes, tuvieron lugar en esta área. Hoy, el edificio inacabado del Palacio de Congresos sirve como centro de documentación y museo.
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Casa Brown en Múnich
Justo al lado del “Führerbau” donde Adolf Hitler tenía su oficina, estaba la sede del Partido Nazi en Alemania, en la “Casa Brown”, en Múnich. Un cubo blanco ahora ocupa su lugar, al interior se encuentra el “Centro de Documentación para la Historia del Nacionalsocialismo” que abrió sus puertas el 30 de abril de 2015, 70 años después de la liberación del régimen nazi.
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Casa de Wannsee
La villa en el lago Wannsee de Berlín fue fundamental en la planificación del Holocausto. Quince miembros del Gobierno nazi y las SS se reunieron allí el 20 de enero de 1942 para planificar lo que se conoció como la “Solución Final”, la deportación y exterminio de todos los judíos en el territorio ocupado por Alemania. En 1992, la casa se convirtió en un monumento y museo.
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Monumento a los homosexuales perseguidos
No muy lejos del monumento a los judíos asesinados de Europa, otro monumento de concreto honra a los miles de homosexuales perseguidos por los nazis entre 1933 y 1945. El monumento de cuatro metros de altura, que tiene una ventana que muestra alternativamente una película de dos hombres o dos mujeres besándose, se inauguró en el Tiergarten de Berlín el 27 de mayo de 2008.
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Centro de eutanasia de Hadamar
Desde 1941, personas con discapacidades físicas y mentales fueron asesinadas en un hospital psiquiátrico en Hadamar, Hesse. Declarados “indeseables” por los nazis, aproximadamente 15 mil personas fueron asesinadas por asfixia con monóxido de carbono o inyectadas con drogas letales. En Alemania, 70 mil personas fueron asesinadas por el programa de eutanasia nazi. Hoy Hadamar es un memorial.
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Memorial del Holocausto
Ubicado junto a la Puerta de Brandeburgo, el Memorial de Berlín a los judíos asesinados de Europa se inauguró sesenta años después del final de la Segunda Guerra Mundial, el 10 de mayo de 2005. El arquitecto Peter Eisenman creó un campo con 2.711 losas de concreto. Un lugar de información subterráneo adjunto contiene los nombres de todas las víctimas conocidas del Holocausto judío.
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El régimen nazi abrió el primer campo de concentración en Dauchau, cerca de Múnich. Apenas unas semanas después que Adolf Hitler llegara al poder, los miembros de las SS (“Schutzstaffel”) lo usaron para encarcelar, torturar y matar a los opositores políticos del régimen. Dachau también sirvió como prototipo y modelo para los otros campos nazis que siguieron.

Edward Mosberg, sobreviviente del Holocausto, recibirá el más alto honor de Polonia

Al sobreviviente del Holocausto, Edward Mosberg se le otorgará la Orden del Mérito del Presidente de Polonia, NPO From the Depths, que se anunció el martes.

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El sobreviviente del Holocausto de 93 años, que es filántropo y educador, será honrado con la medalla, que es la distinción más alta otorgada por el Presidente de la República de Polonia.

La ceremonia de la «Orden del Mérito» se llevará a cabo el miércoles en la ciudad natal de Mosberg, Cracovia, la ciudad en la que nació.

A lo largo de los años, Mosberg ha contribuido a la profundización del diálogo entre judíos y polacos, y ha trabajado incansablemente para promover la educación sobre el Holocausto en todo el mundo.

«Es uno de los últimos sobrevivientes vivos de Płaszów y Mathausen», explicó Lena Klaudel, directora de la Oficina de Europa Oriental de From the Depths. «Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, el Sr. Mosberg tenía 13 años. En 1941, su familia fue enviada al ghetto en Cracovia».

En 1943, el ghetto fue «liquidado» y su madre fue a Auschwitz, donde fue asesinada. Mosberg y sus hermanos «fueron enviados a Plaszow, y de allí a numerosos campos de concentración nazis alemanes.

Luchó contra la tuberculosis durante muchos meses en un sanatorio italiano después de la guerra. A pesar de todo, «el joven de 19 años juró volver a vivir una vida completa [y] se contactó con Cesia Storch, una niña de Cracovia que vivía en el cuartel del campamento con sus hermanas. Con solo una educación de 7mo grado y $ 10 en su bolsillo, Edward llegó a Nueva York en 1951 con su nuevo novio, viviendo en Harlem con su hija de 18 meses».

Mosberg estuvo empleado en tres lugares diferentes al mismo tiempo, incluido el que suturó libros de bolsillo, ganando 50 centavos por hora antes de tener éxito en la industria del desarrollo. Hoy, Edward habla en todo el mundo, educando y nutriendo la memoria del Holocausto. Los Mosberg tienen tres hijas y seis nietos y residen en Nueva Jersey.

Parte de la misión de Mosberg cuando habla alrededor del mundo es compartir sus experiencias personales. Además, todos los años asiste a la Marcha de los Vivos.

Continuó trabajando estrechamente con la Fundación Shoah, Yad Vashem, la Fundación De las Profundidades y otras organizaciones que se preocupan por preservar la memoria del Holocausto.

Hablando sobre la medalla que pronto le fue otorgada, Mosberg dijo que regresar a la ciudad en la que nació a los 93 años, «y recibir una decoración como esta es un evento asombrosamente conmovedor para mí».

«Acepto este premio en nombre de mí mismo, mi esposa, mis hijos y nietos, y lo más importante, en honor a mi madre, mi padre, mis hermanos y seis millones de judíos, asesinados brutalmente por los nazis durante el Holocausto», continuó. «Es importante que los que nos persiguen sean nuestros testigos y estén seguros de que la tragedia del Holocausto nunca será olvidada».

Mosberg agregó que también estaba «dedicando la distinción a aquellos que cedieron y arriesgaron sus vidas para salvar a los judíos durante la guerra, como la familia Ulma de Markowa, y esperando mejores relaciones entre el pueblo judío y el polaco».

From the Depths es una organización sin fines de lucro cuyo objetivo es construir un futuro compartido entre polacos y judíos. La Fundación colabora con sobrevivientes del Holocausto y con comunidades judías de todo el mundo, especialmente de Europa del Este.

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